El 7 de febrero de 2026 se celebró en Roma la Primera Asamblea de Socios de CISP Sviluppo dei Popoli, Fundación Participativa. Este fue el primer gran evento de la organización desde su transformación en Fundación Participativa.
Fue una intensa jornada de debate, toma de decisiones y visión estratégica, que reunió a socios fundadores para abordar los retos de la cooperación internacional en un contexto global marcado por el conflicto, la desigualdad y la crisis del sistema multilateral.
La mañana comenzó con un breve repaso de la historia de CISP —fundada en la década de 1980 en un contexto de falta de una legislación estructurada sobre cooperación internacional— y sus valores fundacionales de solidaridad internacional, lucha contra la pobreza y la desigualdad, con referencia a su evolución a lo largo de los años hasta convertirse en una organización presente en más de treinta países.
La transición a Fundación, aprobada en 2025, se reafirmó como una opción organizativa y estratégica, que combina la preservación de sus valores fundacionales con la necesidad de fortalecerla. Esta decisión se diseñó para garantizar la estabilidad, la transparencia y la apertura a las nuevas generaciones y competencias. Durante la reunión, se constituyó oficialmente la Asamblea de Miembros Promotores.
A continuación, una sesión de presentaciones participativas dio cabida a las historias personales y profesionales de los presentes, estableciendo un vínculo entre los miembros veteranos y el nuevo grupo, enfatizando el valor de las relaciones y la dimensión colectiva que siempre ha caracterizado al CISP. Un momento importante de la jornada fue el debate sobre los contextos en los que opera el CISP actualmente. El debate destacó la crisis del sistema multilateral, la reducción de la ayuda pública al desarrollo y la creciente presión hacia modelos basados en intereses económicos y de seguridad. Junto a estos temas críticos, se reafirmó la responsabilidad de la sociedad civil de mantener vivos los valores de la solidaridad, la justicia y los derechos, incluso a través de un papel cultural y político capaz de guiar el debate público.
El CISP sigue siendo plenamente consciente de la necesidad de mantener sus valores fundamentales, al tiempo que se dota de herramientas y alianzas que le permitan operar eficazmente en un entorno cada vez más competitivo e impredecible. Finalmente, se presentó y aprobó el Documento de Programación 2025-2029. El plan identifica tres prioridades principales: fortalecer la contribución del CISP a la construcción de la paz como un derecho humano, aumentar el impacto y la eficacia de las intervenciones contra la pobreza y la desigualdad, y preparar a la organización para los desafíos del futuro próximo mediante el fortalecimiento interno, la innovación, la formación y la diversificación de recursos. La paz, la justicia y los derechos, que también surgieron de una encuesta participativa en la sala, se convierten así en la piedra angular de la visión de futuro.
A continuación, se compartieron diversas experiencias operativas que ilustran cómo la cooperación puede construir la paz de forma concreta: desde la educación para la ciudadanía global en Europa hasta el trabajo con las comunidades y la sociedad civil en Oriente Medio, el Norte de África y Europa del Este; desde el arraigo en África, en países como Níger, hasta las acciones en América Latina en materia de derechos, resiliencia y cohesión social.
Diferentes experiencias, unidas por un enfoque común basado en la colaboración, la inclusión y el trabajo con las comunidades locales.
La jornada concluyó con un fuerte espíritu de participación e intercambio. En un momento marcado por la incertidumbre y la crisis, la Asamblea confirmó el compromiso del CISP de seguir siendo un actor creíble y coherente de la cooperación internacional, capaz de renovarse sin perder su alma.